ERC sabía lo que hacía cuando dio sus votos a José Montilla en la investidura de Presidente de la Generalitat. El líder de los capitanes, aquel movimiento interno del PSC que pretendía desalojar a su sector más catalanista, llegaba a la Generalitat y hacía visible que con independencia del origen en Cataluña es posible ser “presidente del país”, eso sí, siempre que se firme el muy sui generis contrato con Cataluña que ha redactado el nacionalismo catalán. Joan Puigcercós en un artículo de su blog califica de audacia intelectual esta teoría que alumbré en un reciente pleno del Parlament y tergiversa mis tesis. En Cataluña, hace mucho tiempo que la clase social paso a un segundo plano, el principal referente es el de la identidad.
En su artículo entrecomilla palabras que yo no pronuncie y que fueron traducidas por su subconsciente a un lenguaje que me resulta muy extraño. Basta con acudir al diario de sesiones, yo dije lo siguiente:
Permítanme que les haga una confidencia personal: una de las escenas que más me han emocionado de mi experiencia como parlamentario fue observar a los padres del presidente Montilla -cortados por el mismo patrón que los míos, andaluces también y gente trabajadora, que se esforzaron en sacar a sus hijos adelante-. Aquel día, despistados pero a la vez orgullosos, en la toma de posesión de su hijo como presidente de Cataluña, a mí me emocionaron.
Sé que durante esta legislatura a ciertos integrantes de algunas formaciones les ha costado reconocer al señor José Montilla como Molt Honorable President de todos los catalanes. Todavía hoy hay personas que lamentablemente consideran que la Generalitat es patrimonio de una determinada casta política o de lo que se entiende por família de classe bona.
El presidente Montilla rompió un tabú y los catalanes que entendemos Cataluña como una suma de identidades y orígenes nos sentimos orgullosos de ello.
Al final de la legislatura he de expresarle, presidente, mi profunda decepción. El ascensor social funcionó pero ahora sabemos que quien le ascendía le exigía una contrapartida y contaba con una coartada, la letra pequeña que tenía como misión hacer inasumible la Cataluña para todos, la Cataluña integradora. Creo sinceramente que no le ha valido la pena. No espere agradecimientos por los servicios prestados, el nacionalismo es así. Ya ve, le permitieron encabezar una manifestación al mismo tiempo que algunos de ellos pretendían expulsarle al grito de «botifler, botifler».
No utilicé la palabra emigrante, jamás la emplearía con los españoles nacidos en otras partes de España que residen en Cataluña. Somos compatriotas. Tampoco pretendo hacer de la identidad un fenómeno estático, porque creo en la suma de identidades.
De hecho, celebro - y lo digo sin ironía- que el Presidente Montilla haya mejorado su catalán a lo largo de la legislatura y que al final de ella no necesite de chuletas para realizar dedicatorias en sus libros de firmas. Mi reproche se constriñe al hecho de que haya aceptado el rol catalanista con la fe del converso, y que haya aceptado, sumiso, las condiciones que fija el Poder. Los poderosos de entonces hicieron que López Rodo o Masso renunciarán a utilizar el catalán cuando gobernaban y ahora imponen a Montilla la exclusión del castellano en sus intervenciones públicas. El “fill de la minyona”, por seguir el símil utilizado por el propio Puigcercós en su intervención en el debate extraordinario sobre la sentencia del Tribunal Constitucional, ha fijado las reglas del juego y son las mismas que las de la "familia de casa bona".
Aquí, con la apelación a la unidad civil y a la represión del franquismo se chantajea a la comunidad a la que pertenecen los padres de Montilla (hablo en sentido figurado).
Estos catalanes castellanohablantes también quisieran verse reflejados en sus instituciones y algunos de ellos empiezan a tomar conciencia de que son rechazados y de que la razón de la aversión no tiene nada que ver con la condición social sino con el empeño del Poder en hacer valer una identidad única. Probablemente, Joan Puigcercós y yo tenemos parecidos orígenes sociales, ninguno de los dos procedemos de familia burguesa, y, sin embargo, nos encontramos muy alejados. El trabaja desde el Poder, del que forma parte, para anular mis derechos y cambiar mi país y contra eso me rebelo. Quiero que entienda que no pretendo anular su identidad, con Joan Puigcercós y con otros me he expresado siempre en catalán en la Cámara, sino sumar la suya a la mía. He incorporado el catalán a mi identidad, al igual que él ha incorporado el castellano a la suya, pero me niego a olvidar la lengua de mis padres, de la misma manera que el Presidente de ERC tiene siempre presente el buen catalán que habla.
La solución es muy sencilla, el bilingüismo institucional y la libertad individual pero, claro, en ese escenario el Poder catalán se encuentra incómodo porque necesita de la lengua única para acentuar la diferencia que haga más transitable el camino hacia la independencia. Por ello, me parece preocupante y próximo a la traición que el PSC, con el Presidente Montilla al frente, hayan asfaltado la tortuosa e incómoda carretera de montaña para convertirla en una vía rápida. Ahora bien, los excesos de velocidad son peligrosos y se corre el riesgo del accidente, la fractura social.
viernes, 30 de julio de 2010
miércoles, 28 de julio de 2010
Comunidad castellanohablante
En la sesión del 28 de julio no sólo se han hablado de la prohibición de los toros, he formulado la que probablemente será mi última intervención en el pleno de la Cámara. He planteado la existencia de dos comunidades lingüísticas en Cataluña porque hasta ahora la unidad civil a la que ha apelado Carod se ha basado en un trágala para los castellanohablantes que ven como sus derechos son absolutamente ignorados en beneficio de los derechos de la lengua catalana. Es decir, a las personas que se identifican mayoritariamente con el castellano no se les reconocen derechos porque el franquismo persiguió a la lengua catalana. No niego que hay una mayoría en la Cámara catalana que apoya esa política lingüística pero, me parece profundamente antidemocrático y falto de ética que se vulneren los derechos de la mayoría lingüística castellanohablante y se pretenda mediante este chantaje hacerla invisible. Desde luego, no estoy dispuesto a que los castellanohablantes de hoy paguemos la hipoteca del franquismo, nosotros no somos los deudores.
El debate es muy sustancial y el nerviosismo de Carod en la respuesta deja claro que la vía para parar la sucesión de golpes es identificarnos como comunidad castellanohablante de Cataluña.
Pregunta
al Govern sobre la discriminació dels castellanoparlants (tram. 310-00456/08)
La següent pregunta la formula, en nom del Grup Mixt, l’il•lustre senyor José Domingo.
al Govern sobre la discriminació dels castellanoparlants (tram. 310-00456/08)
La següent pregunta la formula, en nom del Grup Mixt, l’il•lustre senyor José Domingo.
El Sr, Domingo Domingo
Muchas gracias, señor presidente.
Conseller, soy uno de los integrantes de la comunidad castellanohablante de Cataluña, una comunidad que está formada, según la última encuesta de usos lingüísticos, por el 46,5 por ciento de los catalanes. El grupo que se identifica solo con la lengua catalana, en el que me imagino se incluye usted y muchos de los diputados de esta cámara, suma el 37,2 por ciento.
La comunidad lingüística castellanohablante es la mayoritaria de Cataluña pero la acción de su Gobierno la margina e ignora. Basta con leer el balance de la política lingüiística 2004-2010, que ha presentado recientemente, para concluir que los castellanohablantes de Cataluña son considerados como una anomalía social, y que por ello se impulsan políticas destinadas a corregir lo que se considera una disfunción y un extraño peligro para la supervivencia del idioma catalán. No reparan en medios, en argucias con apariencias de legalidad, e incluso en la intimidación para hacerlos invisibles.
Si los castellanohablantes pedimos la enseñanza en castellano ponemos en peligro la convivencia. Si solicitamos la documentación oficial en este idioma nos convertimos en una incomodidad. Y cuando reclamamos que la señalización de los establecimientos oficiales sea bilingüe, se apela para no hacerlo a la contaminación paisajística, a razones económicas o a la ley interpretada de la forma más excluyente.
¿Por qué su gobierno, el gobierno de todos los catalanes, ignora y margina la comunidad castellanohablante?
El president
Té la paraula, en nom del Govern, l’honorable senyor Josep-Lluís Carod-Rovira, vicepresident d’aquest Govern.
El vicepresident de la Generalitat (Sr. Josep-Lluís Carod-Rovira)
Moltes gràcies, senyor president. La pregunta que vostè ha formulat sap perfectament que és una total falsedat, i els termes en què l’ha plantejada, una absoluta i perillosa irresponsabilitat política, i vostè ho sap.
El president
Senyor diputat, té la paraula.
El Sr. Domingo Domingo
Muchas gracias, señor presidente. Hablando de peligrosas irresponsabilidades políticas: ¿Se reconoce en estas palabras, conseller? «Un inmigrante ecuatoriano en Madrid será un inmigrante, pero un inmigrante que hable catalán será uno de nosotros.»
Le retratan, están cargadas de racismo.
Usted viene a decir: un catalán que no hable catalán no es uno de nosotros.
El presidente de la Generalitat ya es uno de ustedes, de lengua materna castellana ahora considera el catalán como su lengua propia. De hecho, institucionalmente sólo lo ha utilizado cuando se ha equivocado o cuando ha citado. No ha efectuado ni un solo guiño a la comunidad castellanohablante. No se si es complejo o convicción, pero ha presidido un Gobierno injusto y discriminador hacia ella.
Le pido a Vd, pido a este gobierno mientras dure, y a los próximos gobiernos, que realmente impulsen la cohesión social...
El president
Senyor diputat...
El Sr. Domingo Domingo
...una cohesión social integradora –ya acabo, señor presidente–, que opte por no excluir a nadie, ni a castellanohablantes ni a catalanohablantes.
Muchas gracias, señor presidente.
El president
Té la paraula l’honorable vicepresident.
El vicepresident de la Generalitat
Senyor diputat, vostè no té idea, ni té ni la més, diguem-ne, remota idea, de què es discriminar i prohibir una llengua. Discriminar i prohibir una llengua es treure-la de tots els àmbits d’ús, és que et canviïn el nom, que t’alterin els cognoms, que canviïn els topònims, que et canviïn els noms dels rius, de la mar, dels llacs, dels termes municipals, de les masies, de tot; això és discriminar una llengua. Vostè vol fer creure a aquest Parlament, on tots sabem llegir i escriure, que la llengua castellana, que es una de les llengües més importants del món pel nombre de parlants, es juga el seu futur a Catalunya? Això, senyor diputat, no s’ho creu ningú.
El president
Senyor diputat...
El Sr. Domingo Domingo
...una cohesión social integradora –ya acabo, señor presidente–, que opte por no excluir a nadie, ni a castellanohablantes ni a catalanohablantes.
Muchas gracias, señor presidente.
El president
Té la paraula l’honorable vicepresident.
El vicepresident de la Generalitat
Senyor diputat, vostè no té idea, ni té ni la més, diguem-ne, remota idea, de què es discriminar i prohibir una llengua. Discriminar i prohibir una llengua es treure-la de tots els àmbits d’ús, és que et canviïn el nom, que t’alterin els cognoms, que canviïn els topònims, que et canviïn els noms dels rius, de la mar, dels llacs, dels termes municipals, de les masies, de tot; això és discriminar una llengua. Vostè vol fer creure a aquest Parlament, on tots sabem llegir i escriure, que la llengua castellana, que es una de les llengües més importants del món pel nombre de parlants, es juga el seu futur a Catalunya? Això, senyor diputat, no s’ho creu ningú.
I encara hi ha una altra cosa més important: Catalunya serà el que els seus ciutadans vulguin que sigui. I ho serà per la majoria. Catalunya no farà cap pas enlloc si no és per la majoria. Hi ha un valor que durant la dictadura vam posar com el primer dels nostres valors democràtics, que és la unitat civil del poble de Catalunya, i aquesta unitat civil no se la va poder carregar el franquisme. Si no se la va carregar el franquisme en dictadura i amb totes els mitjans que tenia al seu abast, pretén carregar-se-la vostè? No ho aconseguirà, senyor diputat, no ho aconseguirà.
El poble de Catalunya no és un projecte de Catalunya no és un projecte de passat, és un projecte de present i de futur, on no es pregunta a la gent d’on ve, ni quins cognoms porta ni quina llengua parla, perquè el futur ens pertany a tots; no ho va aconseguir el franquisme, no ho aconseguirà ni vostè ni els que pensen com vostè, perquè, què és això de «comunidad castellanohablante»? El millor que ha fet aquest país és crear una sola xarxa escolar on no es discrimini els infants per la llengua d’origen que porten a casa seva.
Potser a vostè li hauria interessat que s’hagués fracturat aquesta societat. Doncs no es fracturarà aquesta societat, perquè la majoria d’aquest Parlament no ho vol, perquè no ho vol la majoria de la societat catalana, i feliçment per al poble de Catalunya, parli el que parli, el que vostès representen és majoria ara, i desitjo que ho sigui, no sempre, sinó per a tota la vida, fins que calgui, tant com calgui. Un sol poble, el poble de Catalunya.
(Aplaudiments perllongats.)
domingo, 18 de julio de 2010
El debate extraordinario
El día 16 de julio se celebro un debate sobre las consecuencias de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Con motivo de la presentación de las propuestas de resolución realicé este discurso que estuvo condicionado por las intervenciones de los otros Grupos parlamentarios. Finalmente, la resolución que se aprobó por CiU, PSC, ERC e ICV-EUiA pretendía burlar la sentencia del Tribunal Constitucional.
Muchas gracias, señor presidente.
Hoy se ha hablado de fatiga y de cansancio de los catalanes por el sempiterno discurso del encaje de Cataluña en España; no solo de los catalanes, de todos los españoles. Hemos perdido una gran oportunidad para cerrar hoy el debate, bastaba con acatar la sentencia y respetarla y declarar que los poderes públicos de Cataluña se sienten vinculados por ella. Era muy sencillo. Sin embargo, no ha sido así.
A la vista de las intervenciones, parece ser que algunos políticos tienen cuerda para rato y anuncian nuevos caminos y travesías. El puerto constitucional es un puerto seguro si se respetan las normas, sin embargo, algunos grupos políticos con ánimo aventurero nos quieren llevar a destinos inconcretos. Ya se sabe que en las singladuras con marcha o con destino desconocido se corren muchos riesgos de tempestades y siempre es conveniente contar con unas buenas cartas de navegación y una tripulación experimentada. Sin embargo, por lo que se ha escuchado hoy aquí, el barco con el que pretenden navegar cuenta con unos marineros que cuando puedan tienen voluntad de amotinarse.
Reflexionen sobre las consecuencias de las travesías peligrosas, no vaya a ser que aboquen a Cataluña a un naufragio. Los mares están llenos de barcos hundidos con piratas que buscaban la isla del tesoro. (Remor de veus.)
Me confieso desolado por el grado de deslealtad institucional que durante este proceso han tenido las principales autoridades de Cataluña y los principales responsables políticos. En una carrera alocada se han proclamado crisis de Estado, se han declarado municipios moralmente excluidos de la Constitución y se ha alentado a la insubordinación al Tribunal Constitucional, de la que es última expresión la resolución que con toda seguridad se aprobará hoy en esta cámara. A esa resolución le falta una parte, la de los fundamentos jurídicos de la sentencia que valora el preámbulo del Estatuto de Autonomía de Cataluña y también incorporar el fallo de la sentencia, que declara que carecen de eficacia jurídica interpretativa las referencias del preámbulo del Estatuto a “Cataluña como nación” y a la “realidad nacional de Cataluña”.
Permítanme que les haga una confidencia personal: una de las escenas que más me han emocionado de mi experiencia como parlamentario fue observar a los padres del presidente Montilla -cortados por el mismo patrón que los míos, andaluces también y gente trabajadora, que se esforzaron en sacar a sus hijos adelante-. Aquel día, despistados pero a la vez orgullosos, en la toma de posesión de su hijo como presidente de Cataluña, a mí me emocionaron.
Sé que durante esta legislatura a ciertos integrantes de algunas formaciones les ha costado reconocer al señor José Montilla como molt honorable president de todos los catalanes. Todavía hoy hay personas que lamentablemente consideran que la Generalitat es patrimonio de una determinada casta política o de lo que se entiende por família de classe bona.
El presidente Montilla rompió un tabú y los catalanes que entendemos Cataluña como una suma de identidades y orígenes nos sentimos orgullosos de ello.
Al final de la legislatura he de expresarle, presidente, mi profunda decepción. El ascensor social funcionó pero ahora sabemos que quien le ascendía le exigía una contrapartida y contaba con una coartada, la letra pequeña que tenía como misión hacer inasumible la Cataluña para todos, la Cataluña integradora. Creo sinceramente que no le ha valido la pena. No espere agradecimientos por los servicios prestados, el nacionalismo es así. Ya ve, le permitieron encabezar una manifestación al mismo tiempo que algunos de ellos pretendían expulsarle al grito de «botifler, botifler».
Me duelen especialmente afirmaciones del tipo de «España no nos quiere» o conclusiones como las que ha pronunciado hoy el más alto representante del Estado en esta cámara: «En el escenario actual, España es más pobre moralmente.»
Me parece profundamente desleal que el presidente de la Generalitat, también se lo hemos escuchado a otros representantes políticos, insulte e injurie de la manera que lo ha hecho a los miembros del Tribunal Constitucional. Quiero recordar que solo el 4,97 por ciento de los catalanes votaron «no» a la Constitución española, no sé si alguno de ustedes votó que no, pero desde luego fueron una minoría. Pero, en todo caso, al asumir cargos públicos han prometido acatarla. Por cierto, esa Constitución fue apoyada en Cataluña por un porcentaje superior al del resto de España.
Solo desde la insolvencia o desde la mala fe se puede afirmar que la sentencia del Tribunal Constitucional rompe el pacto constitucional. Permítanme que recuerde algunas de las cláusulas de ese pacto ¡No se alteren! La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles (remor de veus); la Constitución reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y de las regiones que la integran; la Constitución declara que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que las otras lenguas españolas serán también oficiales en sus respectivas comunidades autónomas; la Constitución proclama que España es un Estado social y democrático de derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y la pluralidad política y que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado, también, por lo tanto, los de la Generalitat de Cataluña. También dispone que el Tribunal Constitucional tiene jurisdicción en toda España y es competente para conocer el recurso de inconstitucionalidad contra las leyes y disposiciones normativas con fuerza de ley. Y que los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de las tres quintas partes por cada una de las cámaras.
En el proceso constituyente se cerraron algunas puertas, entonces no prosperaron las enmiendas que pretendían la calificación de nación para algunas comunidades autónomas, entre ellas Cataluña, y se votó expresamente en contra del deber genérico de conocer los idiomas oficiales de las comunidades autónomas. Tampoco prosperaron esas pretensiones en los trabajos del Estatuto de Autonomía, ni en los de la Ley de Política Lingüística. No prosperaron, por cierto, con el voto de algunas formaciones que ahora consideran mancillada la dignidad de Cataluña. Ya lo han olvidado, pero algunos de ustedes votaron en contra de que Cataluña se reconociera como nación y de la obligación de conocer el catalán, y lo hicieron porque lo consideraban inconstitucional.
Ese fue el pacto constitucional que suscribieron los catalanes, que no Cataluña, y está vigente actualmente. Ese pacto se intentó dinamitar por el Parlamento de Cataluña el 30 de setiembre de 2005 y ustedes eran conscientes de ello. También sabían que el texto que finalmente se sometió a referéndum era inconstitucional y mantuvieron el engaño. Por cierto, solo fue ratificado por uno de cada tres catalanes.
Tan conscientes eran que han votado en contra de todas las propuestas del Grupo Mixto en los debates de política general solicitando del Tribunal Constitucional una pronta resolución judicial. Y ahora viene con el cuento de un Tribunal Constitucional moroso y critican su tardanza cuando han utilizado todas las estrategias, todas las artimañas para evitar que se dicte sentencia. Abrieron las puertas que estaban cerradas por la Constitución, gritaron y denostaron a los que les advirtieron que eso no era correcto, y cuando el vigilante, el Tribunal Constitucional, cumple su cometido, le insultan, le zarandean y la emprenden a patadas con él.
Fueron ustedes los que rompieron el pacto constitucional y lo sabían, y lo terrible es que lo hicieron con el consentimiento del presidente de turno de la comunidad, que fue su colaborador necesario.
A mí no me gusta la sentencia del Tribunal Constitucional, creo que avala preceptos que son a mi juicio inconstitucionales (forta remor de veus), es más, le pedí en su día al Defensor del Pueblo que recurriera el Estatuto y todavía albergo la esperanza de que algún precepto más sea declarado inconstitucional. Pero sepan que respeto la decisión judicial, soy demócrata y acato las decisiones de los tribunales. No suelo insultar ni injuriar a los jueces, porque, entre otras cosas, sé que es delito.
Hoy se ha hablado de posibles reformas constitucionales, también las defiendo, para, entre otras cosas, articular de una manera más racional la estructura del Estado y para hacer efectivos los derechos de los ciudadanos que las administraciones hurtan. Sin ir más lejos, la práctica del derecho constitucional a la educación en castellano que en algunas comunidades autónomas, entre ellas, Cataluña, es imposible. Pero la pretendo por los cauces reglamentarios, por los cauces de la revisión.
Hoy hablaba el diputado señor Puigcercós que tendríamos que reconocer a los catalanes tal com som; efectivamente, hay que reconocer a los catalanes, a los miles de catalanes que se manifestaron el sábado y a los cientos de miles que por toda Cataluña se manifestaron a favor de la selección española. (Forta remor de veus.) A favor de la selección española. ¡Ustedes hablan de un millón y medio, cuando no serían más de cien mil. No hagan más trampas, permítanme que concretemos los números!
He de decirles que yo en su día –que yo en su día– pedí el «no» al Estatuto de autonomía de Cataluña y fue porque no veía reflejada esa pluralidad en el texto y porque como castellanohablante me sentía excluido de ese texto. Así lo sentía y lo sigo sintiendo. Si bien ahora de una forma más matizada gracias a la sentencia del Tribunal Constitucional.
Decían que no ha habido propuestas; sí hay propuestas. Hay una propuesta de cambio en la Administración. A partir de la sentencia tendrán que reconocer que el deber de conocer el catalán que prevé el artículo 6.2 no es un deber jurídicamente exigible a todos los ciudadanos; reconocer que en la enseñanza se han de considerar al castellano y al catalán lenguas vehiculares, y, por lo tanto, se deben dejar sin efecto las prácticas de inmersión lingüística obligatoria en catalán que se vienen practicando. Eso como mínimo. Además, absténganse de utilizar el término nacional o nación a partir de ahora en los cuerpos jurídicos, es decir, en las leyes.
Ya termino, señor presidente. (Remor de veus.) A partir de hoy no sé si iniciamos el camino de la independencia, sinceramente creo que no, pero sí sé que lo que iniciamos es el camino al cumplimiento de la sentencia del Tribunal Constitucional, que a todos nos compromete, también a todos ustedes.
Muchas gracias, señor presidente
Muchas gracias, señor presidente.
Hoy se ha hablado de fatiga y de cansancio de los catalanes por el sempiterno discurso del encaje de Cataluña en España; no solo de los catalanes, de todos los españoles. Hemos perdido una gran oportunidad para cerrar hoy el debate, bastaba con acatar la sentencia y respetarla y declarar que los poderes públicos de Cataluña se sienten vinculados por ella. Era muy sencillo. Sin embargo, no ha sido así.
A la vista de las intervenciones, parece ser que algunos políticos tienen cuerda para rato y anuncian nuevos caminos y travesías. El puerto constitucional es un puerto seguro si se respetan las normas, sin embargo, algunos grupos políticos con ánimo aventurero nos quieren llevar a destinos inconcretos. Ya se sabe que en las singladuras con marcha o con destino desconocido se corren muchos riesgos de tempestades y siempre es conveniente contar con unas buenas cartas de navegación y una tripulación experimentada. Sin embargo, por lo que se ha escuchado hoy aquí, el barco con el que pretenden navegar cuenta con unos marineros que cuando puedan tienen voluntad de amotinarse.
Reflexionen sobre las consecuencias de las travesías peligrosas, no vaya a ser que aboquen a Cataluña a un naufragio. Los mares están llenos de barcos hundidos con piratas que buscaban la isla del tesoro. (Remor de veus.)
Me confieso desolado por el grado de deslealtad institucional que durante este proceso han tenido las principales autoridades de Cataluña y los principales responsables políticos. En una carrera alocada se han proclamado crisis de Estado, se han declarado municipios moralmente excluidos de la Constitución y se ha alentado a la insubordinación al Tribunal Constitucional, de la que es última expresión la resolución que con toda seguridad se aprobará hoy en esta cámara. A esa resolución le falta una parte, la de los fundamentos jurídicos de la sentencia que valora el preámbulo del Estatuto de Autonomía de Cataluña y también incorporar el fallo de la sentencia, que declara que carecen de eficacia jurídica interpretativa las referencias del preámbulo del Estatuto a “Cataluña como nación” y a la “realidad nacional de Cataluña”.
Permítanme que les haga una confidencia personal: una de las escenas que más me han emocionado de mi experiencia como parlamentario fue observar a los padres del presidente Montilla -cortados por el mismo patrón que los míos, andaluces también y gente trabajadora, que se esforzaron en sacar a sus hijos adelante-. Aquel día, despistados pero a la vez orgullosos, en la toma de posesión de su hijo como presidente de Cataluña, a mí me emocionaron.
Sé que durante esta legislatura a ciertos integrantes de algunas formaciones les ha costado reconocer al señor José Montilla como molt honorable president de todos los catalanes. Todavía hoy hay personas que lamentablemente consideran que la Generalitat es patrimonio de una determinada casta política o de lo que se entiende por família de classe bona.
El presidente Montilla rompió un tabú y los catalanes que entendemos Cataluña como una suma de identidades y orígenes nos sentimos orgullosos de ello.
Al final de la legislatura he de expresarle, presidente, mi profunda decepción. El ascensor social funcionó pero ahora sabemos que quien le ascendía le exigía una contrapartida y contaba con una coartada, la letra pequeña que tenía como misión hacer inasumible la Cataluña para todos, la Cataluña integradora. Creo sinceramente que no le ha valido la pena. No espere agradecimientos por los servicios prestados, el nacionalismo es así. Ya ve, le permitieron encabezar una manifestación al mismo tiempo que algunos de ellos pretendían expulsarle al grito de «botifler, botifler».
Me duelen especialmente afirmaciones del tipo de «España no nos quiere» o conclusiones como las que ha pronunciado hoy el más alto representante del Estado en esta cámara: «En el escenario actual, España es más pobre moralmente.»
Me parece profundamente desleal que el presidente de la Generalitat, también se lo hemos escuchado a otros representantes políticos, insulte e injurie de la manera que lo ha hecho a los miembros del Tribunal Constitucional. Quiero recordar que solo el 4,97 por ciento de los catalanes votaron «no» a la Constitución española, no sé si alguno de ustedes votó que no, pero desde luego fueron una minoría. Pero, en todo caso, al asumir cargos públicos han prometido acatarla. Por cierto, esa Constitución fue apoyada en Cataluña por un porcentaje superior al del resto de España.
Solo desde la insolvencia o desde la mala fe se puede afirmar que la sentencia del Tribunal Constitucional rompe el pacto constitucional. Permítanme que recuerde algunas de las cláusulas de ese pacto ¡No se alteren! La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles (remor de veus); la Constitución reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y de las regiones que la integran; la Constitución declara que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que las otras lenguas españolas serán también oficiales en sus respectivas comunidades autónomas; la Constitución proclama que España es un Estado social y democrático de derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y la pluralidad política y que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado, también, por lo tanto, los de la Generalitat de Cataluña. También dispone que el Tribunal Constitucional tiene jurisdicción en toda España y es competente para conocer el recurso de inconstitucionalidad contra las leyes y disposiciones normativas con fuerza de ley. Y que los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de las tres quintas partes por cada una de las cámaras.
En el proceso constituyente se cerraron algunas puertas, entonces no prosperaron las enmiendas que pretendían la calificación de nación para algunas comunidades autónomas, entre ellas Cataluña, y se votó expresamente en contra del deber genérico de conocer los idiomas oficiales de las comunidades autónomas. Tampoco prosperaron esas pretensiones en los trabajos del Estatuto de Autonomía, ni en los de la Ley de Política Lingüística. No prosperaron, por cierto, con el voto de algunas formaciones que ahora consideran mancillada la dignidad de Cataluña. Ya lo han olvidado, pero algunos de ustedes votaron en contra de que Cataluña se reconociera como nación y de la obligación de conocer el catalán, y lo hicieron porque lo consideraban inconstitucional.
Ese fue el pacto constitucional que suscribieron los catalanes, que no Cataluña, y está vigente actualmente. Ese pacto se intentó dinamitar por el Parlamento de Cataluña el 30 de setiembre de 2005 y ustedes eran conscientes de ello. También sabían que el texto que finalmente se sometió a referéndum era inconstitucional y mantuvieron el engaño. Por cierto, solo fue ratificado por uno de cada tres catalanes.
Tan conscientes eran que han votado en contra de todas las propuestas del Grupo Mixto en los debates de política general solicitando del Tribunal Constitucional una pronta resolución judicial. Y ahora viene con el cuento de un Tribunal Constitucional moroso y critican su tardanza cuando han utilizado todas las estrategias, todas las artimañas para evitar que se dicte sentencia. Abrieron las puertas que estaban cerradas por la Constitución, gritaron y denostaron a los que les advirtieron que eso no era correcto, y cuando el vigilante, el Tribunal Constitucional, cumple su cometido, le insultan, le zarandean y la emprenden a patadas con él.
Fueron ustedes los que rompieron el pacto constitucional y lo sabían, y lo terrible es que lo hicieron con el consentimiento del presidente de turno de la comunidad, que fue su colaborador necesario.
A mí no me gusta la sentencia del Tribunal Constitucional, creo que avala preceptos que son a mi juicio inconstitucionales (forta remor de veus), es más, le pedí en su día al Defensor del Pueblo que recurriera el Estatuto y todavía albergo la esperanza de que algún precepto más sea declarado inconstitucional. Pero sepan que respeto la decisión judicial, soy demócrata y acato las decisiones de los tribunales. No suelo insultar ni injuriar a los jueces, porque, entre otras cosas, sé que es delito.
Hoy se ha hablado de posibles reformas constitucionales, también las defiendo, para, entre otras cosas, articular de una manera más racional la estructura del Estado y para hacer efectivos los derechos de los ciudadanos que las administraciones hurtan. Sin ir más lejos, la práctica del derecho constitucional a la educación en castellano que en algunas comunidades autónomas, entre ellas, Cataluña, es imposible. Pero la pretendo por los cauces reglamentarios, por los cauces de la revisión.
Hoy hablaba el diputado señor Puigcercós que tendríamos que reconocer a los catalanes tal com som; efectivamente, hay que reconocer a los catalanes, a los miles de catalanes que se manifestaron el sábado y a los cientos de miles que por toda Cataluña se manifestaron a favor de la selección española. (Forta remor de veus.) A favor de la selección española. ¡Ustedes hablan de un millón y medio, cuando no serían más de cien mil. No hagan más trampas, permítanme que concretemos los números!
He de decirles que yo en su día –que yo en su día– pedí el «no» al Estatuto de autonomía de Cataluña y fue porque no veía reflejada esa pluralidad en el texto y porque como castellanohablante me sentía excluido de ese texto. Así lo sentía y lo sigo sintiendo. Si bien ahora de una forma más matizada gracias a la sentencia del Tribunal Constitucional.
Decían que no ha habido propuestas; sí hay propuestas. Hay una propuesta de cambio en la Administración. A partir de la sentencia tendrán que reconocer que el deber de conocer el catalán que prevé el artículo 6.2 no es un deber jurídicamente exigible a todos los ciudadanos; reconocer que en la enseñanza se han de considerar al castellano y al catalán lenguas vehiculares, y, por lo tanto, se deben dejar sin efecto las prácticas de inmersión lingüística obligatoria en catalán que se vienen practicando. Eso como mínimo. Además, absténganse de utilizar el término nacional o nación a partir de ahora en los cuerpos jurídicos, es decir, en las leyes.
Ya termino, señor presidente. (Remor de veus.) A partir de hoy no sé si iniciamos el camino de la independencia, sinceramente creo que no, pero sí sé que lo que iniciamos es el camino al cumplimiento de la sentencia del Tribunal Constitucional, que a todos nos compromete, también a todos ustedes.
Muchas gracias, señor presidente
lunes, 12 de abril de 2010
Páginas web y multilingüismo

La perseverancia en el seguimiento de las sedes electrónicas de Carlos Córcoles, el rigor de Carlos Silva y el diseño de Judit González han hecho posible la elaboración del primer informe del Observatorio de Bilingüísmo e Igualdad Lingüística (el nombre del Observatorio se debe al siempre mesurado e inteligente Juan Antonio Cordero) que ha analizado la presencia de las lenguas oficiales en las páginas webs de las instituciones catalanas.
Es este el primer informe que escudriña la situación de los usos lingüísticos en las páginas webs del sector público y el balance no es nada positivo. Tras visitar 186 páginas, de las que 144 eran catalanas,se ha comprobado que sólo una, la del Ayuntamiento de Rubí, merece el calificativo de completamente bilingüe dado que tanto la información que facilita como la interacción entre ciudadano y administración electrónica es factible y de forma equivalente tanto en castellano como en catalán. De los Departamentos de la Generalitat sólo se salva y por los pelos el de Salud.
El Conseller de Cultura, Joan Manel Tresserres, aduce que la aplicación de las cuotas y de las sanciones son necesarias en el sector del cine para conseguir la igualdad de las lenguas. El nacionalismo suele acudir al término "igualdad" para reclamar la discriminación positiva, casi siempre en los ámbitos privados, y se dispone a arrumbarlo en el espacio público en el que es claramente predominante. Por ello, queremos reivindicar la igualdad de derechos lingüísticos en todos los espacios reservados a las instituciones públicas y reservar el concepto de libertad en el uso de lenguas al ámbito privado.
Lo lamentable del resultado del informe, en el que tan mal parada sale la lengua castellana en las sedes electrónicas, es que son las decisiones políticas, que no las técnicas o logísticas, las que tratan de evitar el multilingüismo de las páginas webs de las Administraciones catalanas. Por ello, voy a intentar que en la futura ley de usos de los medios electrónicos en el sector público catalán se incluya como principio de calidad el multilingüísmo, esto es que todos los contenidos y aplicaciones de las páginas web sean, al menos, bilingües. También, desde Impulso Ciudadano hemos decidido acudir al Síndic de Greuges (que por cierto no tiene todos los contenidos de su página web en castellano) y a los Síndicos locales de Cataluña (cuya página sólo está disponible en catalán y en inglés, como bien ha apreciado Chel Alcantud)para reclamar el bilingüismo equitativo en las sedes electrónicas de las instituciones catalanas.
martes, 30 de marzo de 2010
Moción sobre el censo de población
La moción a la que me referí en la entrada anterior fue la siguiente:
A la Mesa del Parlamento de Cataluña
José Domingo Domingo, portavoz adjunto del Grupo Parlamentario Mixto, de conformidad con lo establecido en el artículo 139.1 del Reglamento de la Cámara presenta la siguiente moción subsiguiente a la Interpelación al Gobierno sobre la realidad social de los catalanes (tram. 300-00266/08):
Moción
El Parlamento de Cataluña insta al Gobierno de Cataluña a hacer las gestiones necesarias para que el cuestionario del próximo Censo de Población y Viviendas del año 2011 incluya preguntas específicas sobre la lengua inicial (primera lengua transmitida familiarmente o L1), lengua de identificación (lengua considerada como propia), lengua habitual (utilizada con mayor frecuencia) y conocimiento oral, escrito y hablado del catalán, castellano, aranés y otras lenguas no oficiales por parte de los residentes en Cataluña(Tram. 302-00222/08).
Palau del Parlament, 11 de marzo de 2010
José Domingo Domingo
Portavoz adjunto GP Mixto
A la Mesa del Parlamento de Cataluña
José Domingo Domingo, portavoz adjunto del Grupo Parlamentario Mixto, de conformidad con lo establecido en el artículo 139.1 del Reglamento de la Cámara presenta la siguiente moción subsiguiente a la Interpelación al Gobierno sobre la realidad social de los catalanes (tram. 300-00266/08):
Moción
El Parlamento de Cataluña insta al Gobierno de Cataluña a hacer las gestiones necesarias para que el cuestionario del próximo Censo de Población y Viviendas del año 2011 incluya preguntas específicas sobre la lengua inicial (primera lengua transmitida familiarmente o L1), lengua de identificación (lengua considerada como propia), lengua habitual (utilizada con mayor frecuencia) y conocimiento oral, escrito y hablado del catalán, castellano, aranés y otras lenguas no oficiales por parte de los residentes en Cataluña(Tram. 302-00222/08).
Palau del Parlament, 11 de marzo de 2010
José Domingo Domingo
Portavoz adjunto GP Mixto
Petrolingüismo o cosa de rocas
En el Pleno del pasado 25 de marzo presenté una moción sobre sobre la inclusión de preguntas relacionadas con la lengua en el censo de población del año 2011. El debate fue jugoso y revelador. Tanto CiU como ERC no quieren saber nada de preguntar a los residentes en Cataluña sobre su lengua, PP y C's se mostraron a favor del conocimiento lingüístico y PSC e ICV-EUiA no quisieron pronunciarse pero votaron en contra de las preguntas.
Este debate tuvo su antecedente en la interpelación que crucé con el Conseller de Cultura Treserres. La conclusión a la que podemos llegar es que algunos grupos políticos que, además se dicen progresistas, están petrificados y las condiciones de las personas no les influyen en absoluto. De ello hablo en el artículo que he publicado en e-noticies
En el año 2011 se elaborará el censo de población y viviendas que realiza cada diez años el Instituto Nacional de Estadística. El carácter exhaustivo del censo permite que los datos obtenidos no estén sujetos a limitaciones derivadas de la probabilidad estadística como en las encuestas o estudios de muestreo. Por eso, el censo es el instrumento adecuado para conocer, entre otras variables, la realidad sociolingüística en un territorio y las Naciones Unidas recomiendan la inclusión en los cuestionarios de preguntas sobre la lengua de identificación de la población (lengua materna, lengua propia y lengua habitual).
En este mismo orden de factores, la Ley de Política Lingüística obliga a la Generalitat a elaborar un mapa sociolingüístico de Cataluña que debe ser revisado cada cinco años. Un mapa sociolingüístico consiste en identificar los idiomas y las habilidades lingüísticas (comprensión, habla, lectura y escritura) de los residentes en una determinada zona.
Si siempre es trascendental conocer estos datos, ahora es más conveniente que nunca debido a los importantes cambios demográficos acontecidos por el fenómeno migratorio en Cataluña, y los efectos de la inmersión lingüística en la educación. Sin embargo, los grupos del tripartito y CiU se han opuesto recientemente en el Parlamento de Cataluña a la inclusión de preguntas de contenido lingïuístico en el censo; consideran que con la encuesta de usos lingüísticos es suficiente (la última se celebró en el año 2007 sobre una muestra de poco más de 7100 personas), y fundamentan su negativa en su elevado coste.
Es evidente que el nacionalismo catalán no tiene interés en fotografiar ni los idiomas ni las habilidades lingüísticas de los residentes en Cataluña porque el concepto de “lengua propia del territorio” es su único referente. Estamos, por lo tanto, ante una concepción geológica de la lengua catalana que pasa por encima de los derechos lingüísticos de las personas, es la lengua el sujeto de los derechos, no los ciudadanos. Así lo argumentó la diputada de ERC, María Mercè Roca, en el debate parlamentario: “…moltes persones que viuen a Catalunya tenen com a llengua primera o llengua pròpia, o llengua familiar, el castellà, i és veritat; i moltes persones, també, que viuen a Catalunya, tenen com a llengua primera l’àrab, o moltes d’altres. Però no parlem d’això, parlem del català com a llengua que s’ha format al mateix temps que s’ha format el territori. No és cap troballa ni és cap invent d’ara mateix, la llengua catalana ha nascut aquí i s’ha anat configurant en un país que s’ha configura alhora amb la llengua. Li ho repeteixo: podran haver-hi milions de persones a casa nostra que tinguin com a llengua primera o familiar qualsevol dels centenars de llengües que es parlen avui dia aquí, però només el català és la llengua és la llengua pròpia, només el català és la llengua territorial de Catalunya.”
Es decir, el hecho de que el castellano pudiera ser sociológicamente la lengua de la mayoría de los catalanes no constituye ninguna fuente de derechos para los ciudadanos que la hablan, puesto que en Cataluña lo trascendental es la lengua petrea, es decir, la conformada por el territorio. Después de analizar las clarificadoras palabras de la diputada Roca, habrá que revisar conceptos. Lo sustancial no es la sociolingüística, que es la disciplina que se ocupa de las relaciones entre lengua y sociedad, sino la petrolingüística porque lo fundamental es el análisis de las propiedades químicas, minerológicas, físicas y cronológicas de la lengua catalana con el territorio en el que se formó. Ya ven, la cuestión de la lengua a la que tantas y tantas páginas se le han dedicado es sólo una cosa de rocas.
domingo, 7 de marzo de 2010
Cornellà-El Prat, estadio talismán de la selección.

Hoy el Espanyol ha empatado (0-0) con el Villarreal y empezamos a mirar peligrosamente otra vez hacia el abismo, suerte que esta semana la selección me dio una alegria con un juego magnifico ante Francia. Un amigo me ha pedido que reproduzca en el blog el artículo que publique en la revista número 10 de 23perico que con tanto acierto dirige el megaperico Sergio Fidalgo. Ahí va.
Cornellà-El Prat, estadio talismán de la selección.
Hace mucho tiempo que la selección española absoluta no juega en Cataluña. Dentro de unos meses hará más de seis años que la Roja no se pasea por nuestra tierra y ha llegado el momento de que el equipo mundialista de Del Bosque aterrice en el estadio de Cornellà-El Prat.
La relación entre Cataluña y la selección viene de antiguo. El primer partido de la selección nacional tuvo lugar en Bruselas con motivo de los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920; pocos años después, en diciembre de 1924, España debutaba en el estadio de Les Corts con un portero de campanillas, nuestro mítico Ricardo Zamora que entonces jugaba en el RCDE. Zamora fue un verdadero baluarte, intervino en 46 encuentros y durante mucho tiempo mantuvo su condición de jugador más seleccionado. Por cierto, su último partido como internacional tuvo lugar en febrero de 1936 (poco antes del comienzo de la guerra civil) en el Olímpico de Montjuïc contra el equipo representativo de la Alemania de entonces.
Una de las razones que se aduce para justificar la escasa presencia de la selección en Cataluña es que no existe conexión entre el equipo nacional y la afición catalana. Es evidente que esa excusa ha sido rebatida por dos hechos. El primero, de carácter sociológico, la marea roja de aficionados catalanes que en junio del 2008 inundaron las principales calles de Cataluña para celebrar el triunfo de la selección en el Campeonato Europeo de Austria. El segundo, el entusiasmo con el que acuden a la llamada del seleccionador los jugadores catalanes que, además, han contribuido destacadamente a los últimos éxitos del combinado nacional.
Ahora bien, es cierto que estos juicios interesados dificultan la presencia de la selección en nuestras tierras y hacen que un partido de la Roja en Cataluña se convierta en un hecho excepcional. Desde luego, no debe ser la política la que impida o dificulte que el conjunto nacional exhiba su juego en Cataluña, mas cuando en otras partes de España se rompen complejos y se reclama como acto de normalidad que la selección se presente allí. El pasado 16 de noviembre el Parlamento vasco aprobaba una propuesta por la que se solicitaba de la Real Federación Española de Fútbol que tuviera en cuenta aquella Comunidad Autónoma para disputar encuentros internacionales de la selección. No lo hace desde el año 1967.
No, no lleva tanto tiempo el equipo nacional sin jugar en Cataluña como en el País Vasco, pero también es verdad que desde la llegada de la democracia -las primeras elecciones se celebraron en junio de 1977- España sólo ha disputado seis partidos en los estadios catalanes. Algunos datos son reveladores, los tres últimos encuentros se celebraron en el Estadio de Montjuïc cuando este campo era ya la casa del Espanyol. La selección se despidió ante Perú en febrero del 2004 con un triunfo de 2-1. La entrenaba entonces Camacho. Antes, nuestros jugadores se habían enfrentado a Portugal e Italia en el mismo campo con suerte distinta, ante el equipo luso España empató a uno en el año 2002 y derrotó a Italia por 2-0, con goles de Alfonso y Abelardo en el año 2000. De los otros tres partidos, dos se disputaron en el estadio del FC Barcelona en marzo de 1980 ante Inglaterra (0-2) y en enero de 1987 contra Holanda (1-1); el tercero se celebró contra Polonia (1-2) en Sarrià un 12 de noviembre de 1980, cuando el equipo era entrenado por otro ex-periquito, José Emilio Santamaría.
En el estadio de Sarriá, la selección únicamente jugó tres partidos y ninguno en competición oficial. Además del partido contra Polonia, en el año 1974 el estadio se llenó para ver ganar a la selección (1-0), en ella entonces jugaba Roberto Martínez, al equipo de la República Federal Alemana de los míticos Beckenbauer, Müller y Breitner. En 1975, una selección liderada por un genial Solsona y entrenada por Ladislao Kubala también venció en Sarrià a Dinamarca por un 2-0.
La selección ha jugado y ganado los dos únicos encuentros oficiales que ha disputado en Cataluña en toda su historia. El primero se celebró en 1969 en el Nou Camp ante la desaparecida selección de Yugoslavia que cayó por 2-1 y que sirvió para clasificarnos en el Mundial de México; el otro tuvo lugar en Sarrià en el año 1975 ante Dinamarca, finalizó con 2-0 y el resultado, lamentablemente, no fue suficiente para pasar a la fase final del Europeo de Yugoslavia. Ni un solo partido de competición oficial se ha celebrado en Cataluña en el periodo democrático.
El combinado nacional ha visitado Barcelona en 18 ocasiones de los 570 partidos que ha celebrado en toda su historia. Sólo en tres ciudades –Madrid (59), Sevilla (42) y Valencia (32)– se han disputado más partidos que en Barcelona, La selección ha jugado en Cataluña con todos los regímenes políticos: Dictadura de Primo de Rivera, Segunda República, Dictadura de Franco y Monarquía parlamentaria.
Cornellà-El Prat es un gran estadio en el que, a pesar de su corta existencia, los recuerdos y la épica se agolpan ya en nuestra cabeza y un nudo en la garganta nos ahoga cuando en el minuto 21 de cada partido evocamos la pérdida del jugador excepcional que fue Jarque.
Pero es hora de vincular nuestro nuevo campo a partidos de leyenda y, desde luego, si nos dan la oportunidad, la afición perica y la catalana en general van a contribuir con sus cánticos a hacerlo posible. Ahora bien, para tener un estadio señero es condición imprescindible que allí jueguen los mejores equipos. Al Espanyol lo sentimos cada fin de semana, pero tenemos a nuestro alcance la mejor selección española de fútbol de la historia (ha terminado el año 2009 en cabeza de la clasificación mundial de la FIFA, por delante de Brasil, Holanda, Italia o Portugal) y tenemos que hacer lo posible para que juegue en Cornellà-El Prat. El combinado nacional merece pisar estadios en los que pueda lucir su juego en todo su esplendor y el nuestro es un "cuatro estrellas UEFA". Debemos intentar que la Federación Española de Fútbol instale su carpa en los aledaños de nuestro campo próximamente y nos comprometemos a ser los mejores huéspedes para que el campeón de Europa preparé en partidos amistosos el Mundial de Futbol de Sudáfrica y dispute alguno de los partidos oficiales de la clasificación del próximo campeonato de Europa en el estadio barcelonés del Baix Llobregat.
Es ya una tradición que la selección nacional juegue en campos recientemente construidos. Los ejemplos de la Nueva Condomina o el Nuevo Colombino o el Ono Estadi de Palma de Mallorca lo certifican. Cornellà-El Prat merece el mismo tratamiento y debiera incorporarse a los estadios en los que se disputen con habitualidad los partidos de la selección. Los pericos y los aficionados catalanes en general nos lo merecemos. Aliento, apoyo y entusiasmo no le va a faltar a España. Sólo queda pendiente la petición del Consejo de Administración del club y estamos seguros que, dentro de poco, se va a producir. Ni nosotros ni la Federación Española debemos renunciar a convertir a Cornellà-El Prat en el nuevo estadio talismán de la selección española. Ahora sólo nos falta, además, que algún jugador perico se incorporé al cuadro de las estrellas y tengamos doble motivo para acudir a animar a la Roja.
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