martes, 12 de mayo de 2009

De la Ley de Política Lingüísitca a la Ley de Educación de Cataluña (II)

(continuación del discurso promunciado en el Hotel podiem de Barcelona el día 12 de mayo)


Por ello, la creación de un partido político que, primero en el ámbito catalán y, después, en toda España, fuera determinante para la confección de mayorías de gobierno o influyera en la acción partidaria fue objeto de deseo por parte de muchos integrantes de los movimientos cívicos catalanes y del resto de España. De ahí que, en todo momento, contemplásemos con satisfacción y nos implicásemos con entusiasmo en la constitución de los distintos referentes partidarios no nacionalistas. La desilusión generada por el primer gobierno Maragall – que paso del federalismo asimétrico al coqueteo soberanista en el Pacto del Tinell – y la puesta en marcha del proceso de reforma del Estatuto de Autonomía desató las alarmas de miles de personas que coincidieron en la necesidad de constituir un referente político alternativo no nacionalista. Al tiempo que se hacía público el Primer Manifiesto de los “ 15” en junio de 2005 reclamando “la existencia de un nuevo partido político en Cataluña”, algunos integrantes de los movimientos cívicos, nos reuníamos ya a trabajar con esa finalidad.

Llegué al grupo promotor de lo que se convertiría después ne la Asociación de Ciudadanos de Cataluña, de la mano de Félix Pérez Romera y avalado por Francesc de Carreras. Se me encomendó enhebrar el manifiesto fundacional con las asociaciones no nacionalistas y aplicar mi experiencia en movimientos ciudadanos a la gestación del nuevo partido. El primer acto que organicé con Ciutadans de Cataluña tuvo lugar el día 21 de septiembre de 2005. Consistió en la presentación del “Manifiesto por un nuevo partido político” a los profesionales del Derecho. Fue un éxito absoluto. Intervinimos Francesc de Carreras , Félix Ovejero y yo mismo, la sala estuvo rebosante y el público participó activamente. Muchos de los asistentes a aquel acto, han sido, después, cuadros dirigentes del partido Ciutadans. De hecho, entre el público que acudió a dicha presentación, se encontraba el que después sería su actual presidente, Albert Rivera .
Por aquellas fechas compatibilizaba actividades. Al tiempo que impulsaba la creación del partido político trabajaba en la “Tole” complementando y amplificando las acciones. De todos aquellos actos quiero recordar las protestas ante las Oficinas denominadas de “Garantías Lingüísticas” y el homenaje a Juan Ramón Lodares, de quien tanto aprendimos, y al que un desgraciado accidente de tráfico nos lo hurto de sopetón.

Recorrí Cataluña rechazando el Estatuto en la campaña del referéndum. Todavía nos resuena a todos el lema “Si vas, vota no”. Nuestros actos eran adornados con periódicas visitas de reventadores que trataban de amenizarlos, perdón, amenazarlos ¿en qué estaría pensando? nuestros actos. Viajando con “Ciutadans de Catalunya” compartí escenario con Arcadi Espada, Iván Tubau, Félix Ovejero, Félix Pérez Romera, Ángel de la Fuente , Teresa Giménez Barbat, Ana Nuño, Francesc de Carreras y tantos otros ciudadanos a los que conocí entonces.
También colaboré en la “Enmienda 6.1” una vez aprobado el referéndum.

El otro día en el Parlament, me recordaba la diputada socialista Teresa Cunillera, el día que le dimos a ella y a Diego López Garrido en el Congreso de los Diputados, Ramon Marcos Alló, Ángel de la Fuente , Silvia Hierro y yo cuando les presentamos un documento solicitando la reforma del artículo 6.1., el que dice que el catalán es la lengua propia de Cataluña.

Todos eran pasos paralelos que tomaron el mismo camino a partir del Segundo manifiesto de Ciutadans, aquel que se presentó en el Teatro Tivoli el 4 de marzo de 2006 y que comenzaba con una frase que describía magistralmente la situación: “Cataluña se ha vuelto inhóspita para quienes no son nacionalistas” y después añadía “muchos ciudadanos están cansados de prestar su voto a unos partidos que dicen no ser nacionalistas, pero que se suman con entusiasmo a la tarea de ‘construir una nación’ con tal de llegar al poder”.

En aquel manifiesto se apuntaban los conceptos a incluir en el nuevo partido: ciudadanía, libertad e igualdad, laicismo, bilingüismo y constitución. Miles de ciudadanos suscribieron el documento y otros tantos, con una ilusión desbordante, originarios de Cataluña y del resto de España se pusieron manos a la obra para hacerlo posible. En lo que a mi respecta, fui, en ese periodo, el redactor del documento base de los Estatutos tanto de Iniciativa No Nacionalista, como de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía , donde INN acabaría integrándose. Fueron momentos en los que la generosidad de todos hizo posible que sólo una formación cogiera la bandera del no nacionalismo.

Con muchos esfuerzos, pérdidas dolorosas, disputas, improvisación, desencuentros y ayuda de la “providencia” el Partido nacía formalmente en una notaría el 15 de mayo y celebraba su Primer Congreso en Bellaterra el 7 y 8 de julio de 2006. Albert Rivera fue elegido Presidente del Partido y aún continua al frente, y Antonio Robles , secretario general. Por cierto, no se si saben que el nombre de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía fue fruto de una conversación telefónica entre Arcadi Espada y yo antes de acudir al notario para levantar el acta de constitución del partido.
El día 1 de noviembre, el “enigma Ciutadans” entraba en el Parlamento con tres diputados y la historia posterior ya la conocen.

Lo que quiero decir con todos estos largos antecedentes y licencias autobiográficas, es que llevó en esta historia desde sus inicios y que, en todo este tiempo, nada ha cambiado mi determinación de continuarla sean cuales sean las condiciones. Es más, me comprometo a luchar activamente para que en el próximo parlamento catalán estén presentes las ideas no nacionalistas y que haya diputados que utilicen el castellano como medio normal de expresión en aquella cámara. Simbólicamente, no podemos renunciar a ello.

Durante todo este tiempo he compartido viaje con muchos compañeros. Con algunos he tenido más sintonía y con otros menos. No ha sido el azar, ni el alfabeto el que me ha puesto donde estoy, ni los “derechos históricos” (todavía me considero joven a los cincuenta años recién cumplidos) sino la dedicación, el esfuerzo y la entrega a la causa en la que creo. Soy hombre de convicciones y la adhesión al proyecto no está condicionada por unas siglas concretas sino por mis ideas. Desde luego, mi compromiso con la defensa de una España ciudadana no depende del resultado de unas elecciones, viene de mucho antes y se prolongará en la medida que mis circunstancias personales lo permitan. Yo no soy de los que se afilian a un determinado partido en función de los votos que éste haya obtenido en la última cita electoral.

Hace unos días, a raíz del resultado del Consejo General de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía por el que se ratificaba la coalición Libertas-Ciudadanos de España (Libertas) anuncié que abría un periodo de reflexión sobre mi futuro en este partido. Sabido es que los postulados de la formación “paneuropea” es contraria a mi pensamiento y a mis planteamientos ideológicos. Yo, personal y públicamente, di mi apoyo al Tratado de Lisboa, al que es contraria la citada coalición. Tampoco comparto la decisión estratégica. En el Segundo Congreso Ordinario de Ciudadanos defendí una enmienda, que finalmente no fue aprobada, por la que pretendía que el partido cubriera el espacio político que va del centro a la izquierda, y la línea adoptada recientemente por la coalición va en la dirección contraria.
De todas formas, a la vista del ensañamiento y demolición de los cimientos de mi partido, permítanme que amplíe los términos de mi discurso en un contexto más amplio.

¿Ha fracasado Ciudadanos? ¿Tiene sentido continuar defendiendo el programa y los ideales que nos llevaron al Parlamento catalán?

Creo imprescindible, como ya he dicho antes, que los no nacionalistas sigan estando presentes en el Parlamento. Para ello, es necesario restablecer las bases de confianza política que hagan posible la presencia de una única lista en las próximas elecciones autonómicas. El espacio a ocupar es demasiado estrecho para que pueda dar acomodo a dos formaciones políticas compitiendo por un mismo electorado. A este respecto, la polémica que ha lastrado el último devenir de Ciudadanos y de UPyD sobre si transversales o izquierdistas no tiene sentido y buena prueba de ello es que muchos militantes de Ciudadanos encuentran cobijo en la nueva formación sin necesidad de demasiadas piruetas ideológicas, e igual ocurriría en sentido inverso. En el discurso de Fernando Savater en el Teatro Tivolí, que tituló “Ciudadanos en marcha”, el filósofo gritó un elocuente “Viva la Lógica ” y advirtió que “no hay ‘odio’, ni contra sí mismos ni contra otros en este grupo de personas decentes, maduras y políticamente responsables: hay, eso si, indignación y hartazgo. Pero también ganas de hacer algo más efectivo que gruñir o despotricar. Son ciudadanos que se han puesto políticamente en pie y en marcha. ¡Y no piensan marcharse!” Fernando, denunciaba con estas palabras que nadie de los partidos tradicionales quiere competidores en los espacios de poder.

Pretendo hacer un elogio de la madurez, de la madurez política y ella es incompatible con un proyecto resquebrajado que ha perdido sus verdaderas señas de identidad. Como el vizconde de la novela de Italo Calvino, el movimiento está demediado, partido en dos, y “no hay noche de luna en la que en los ánimos malvados las ideas perversas no se enreden como nidadas de serpientes y en la que en los ánimos benéficos no broten lirios de renuncia y entrega”.
Defiendo que es hora de “renuncia y de entrega” por parte de todos. Ahí va la mía, queda camino para la esperanza. En la obra de Calvino, Melardo (el vizconde demediado en su parte buena y en la doliente) logra abrir los ojos, los labios y recupera poco a poco la simetría. El movimiento no nacionalista tiene que hacer posible que las dos partes de un mismo cuerpo recuperen la unidad. No quiero participar en guerras fraticidas y creo que sólo desde el movimiento cívico es posible impulsar acciones comunes que sirvan de puente entre los partidos políticos, entre sus bases y sus dirigentes. Es hora de restañar heridas y no de seguir echando sal, se trata de reconstruir y no de deconstruir lo que tanto costó forjar.

En junio de 2005 reclamábamos un partido que se enfrentará al Partido Unificado de Cataluña con un ideario socialmente avanzado, pero ahora tenemos, al menos, dos, que se reclaman herederos de la lista que presentamos en las elecciones autonómicas de noviembre de 2006. He remirado los integrantes de la de Barcelona, de los ochenta y cinco miembros, sólo aproximadamente la mitad permanecen en Ciudadanos, algunos se han ido a UPyD, y el resto se ha refugiado en su hogar, esperando que amaine el temporal para salir a la calle.

No me siento extraño ni a los compañeros del movimiento que militan en UPyD ni, por supuesto, a los ciudadanos que han compartido hasta hoy militancia conmigo. De ahí, que reivindique mi condición de diputado no nacionalista y me comprometa a defender los intereses, los de ambos, los de todos, en el Parlamento de Cataluña desde el Grupo Mixto y lo haré, sea cual sea su militancia. Recupero mi independencia, me doy de baja en Ciudadanos y no militaré en ninguna otra formación política hasta acabar esta legislatura. Mi actividad la centraré en la actividad del grupo parlamentario y desde allí proyectaré toda mi intensidad, todo mi compromiso, todo mi entusiasmo, a favor de la refundación del no nacionalismo en Cataluña con espíritu abierto. Lo haré a través del movimiento cívico y principalmente desde mi hogar, la Asociación por la Tolerancia.

Fue el movimiento cívico el que cimentó la implicación de los intelectuales en la causa no nacionalista (basta con observar la nómina de los premios a la tolerancia para comprenderlo, allí están Iván Tubau, Fernando Savater, Francesc de Carreras , Félix de Azúa, Albert Boadella, Basta Ya, Arcadi Espada, Rosa Díez, y con ellos tantos que han contribuido a hacer posible Ciudadanos y UPyD). Desde la Tolerancia se ha agitado la lucha contra el terrorismo y la resistencia contra el nacionalismo obligatorio. En estos momentos en que tantos puentes están rotos, corresponde al movimiento cívico, una vez más, poner el cemento de la unión que restañe las fracturas y haga posible el acuerdo con sus ventajas y sus imperfecciones. Os invito, en consecuencia, a trabajar en la Asociación por la Tolerancia o en otras asociaciones cívicas por la unidad de acción, sea cual sea el partido en el que militéis.

Porque el trabajo ha sido útil. La actividad de Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña y de UPyD en el Congreso ha cumplido con acierto el programa firmado con nuestros electores. Ninguna traición en ese tema. Los Diputados no nacionalistas hemos practicado el bilingüismo en las instituciones y comenzado el camino de la recuperación de la normalidad. Por primera vez en la historia reciente del Parlamento, no de manera ocasional, propuestas de resolución, enmiendas, mociones, proposiciones de ley, preguntas parlamentarias orales y escritas se han hecho en castellano. El diario de sesiones y los videos de las intervenciones ponen de manifiesto que nunca, repito, nunca, se ha hablado tanto castellano y con tal normalidad. Hace bien en referirse al “Diputado”, cuando, guasón, el convergente Felip Puig se cruza conmigo en la cámara. Son necesarios más diputados para que el Parlamento de mi comunidad autónoma sea una fotografía real de la sociedad a la que representa. En castellano, hemos reclamado el cumplimiento de sentencias, denunciado la corrupción, criticado el dispendio de las “embajaditas”, acorralado a miembros del CAC con preguntas incómodas cuando el resto de los partidos se conjuraban en el silencio cómplice, pretendido la limitación de mandatos para el Presidente de la Generalitat ; procurado cohesionar la España ciudadana defendiendo la presencia de representantes del Estado en los órganos de gobierno de las Comunidades Autónomas; planteado la devolución de competencias al Estado en materia de políticas activas de empleo, reforzado el principio de equidad ciudadana y territorial en el sistema nacional de salud tanto en listas de espera como en tarjetas sanitarias, en vacunaciones; luchado contra la ruptura de la unidad de mercado laboral oponiéndonos en solitario al marco de relaciones laborales propias o al traspaso de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social de Cataluña; renunciado a la demagogia en la financiación autonómica, y rechazado una Agencia Tributaria Catalana propia que es la antesala de las diecisiete que vendrán. Cuando hemos podido, hemos sacado los colores a diputados que se llenan la boca con la palabra libertad y renuncian a ella cuando se trata de la libre elección de opción lingüística. Sinceramente, me siento satisfecho de la ingente labor parlamentaria a pesar de la escasez de medios con los que hemos contado y de la poca difusión de nuestro trabajo. Sin ir más lejos, pocos de vosotros sabréis que yo he intervenido en más de quinientas ocasiones ante el Pleno del Parlamento y casi mil quinientas veces en comisión.
Lamentablemente, no hemos sido capaces de proyectar a la sociedad toda esa actividad y esa carencia no es imputable sólo a los medios de comunicación. Tengo que confesar que en numerosas ocasiones no me he sentido arropado por la organización de Ciudadanos y que no siempre se ha reconocido la tarea parlamentaria, es más, he tenido la sensación de que, con frecuencia, se ocultaba nuestro trabajo.

Una absurda desconfianza y un exceso de soberbia por parte de algunos dirigentes han hecho que muchos de los que nos acompañaron en este proyecto ahora no se encuentren vinculados orgánicamente al mismo. Tras el fracaso de las elecciones generales, fui el primer consejero general que reclamó un congreso extraordinario para recobrar las fuerzas perdidas y prepararnos para los nuevos procesos electorales. Fui malentendido y, permítaseme el desahogo, ahora estamos viendo los resultados.

En estos últimos meses, he venido reivindicando la necesidad de presentar una coalición electoral de los no nacionalistas y de los europeistas en España. Lógicamente, estaba pensando en formaciones más afines y no en estrafalarios proyectos de un millonario irlandés.
Lo que siento, es que esta situación de debilidad y de enorme fractura aparezca cuando la apisonadora nacionalista ha decidido hacer uso de su mayoría en la cámara catalana y contraatacar. La ley de educación catalana es una nueva ofensiva nacionalista y una muestra de indignidad política. Los políticos pertenecientes al Partido Unificado de Cataluña están dotados de una especie de escafandra que les hace inmunes a los razonamientos. Sólo desde el más absoluto desprecio a la realidad social catalana, se puede idear un complejo artefacto legal, con objeto de evitar dar una hora más de castellano, tal como contempla el Decreto del Gobierno español, o preguntar de una manera sencilla a los padres sobre la lengua en la que quieren escolarizar a sus hijos durante la primera enseñanza.

Nuestro particular duelo partidista, sin embargo, está impidiendo que cuaje la contestación al último y enésimo ataque a la educación y a la libertad lingüística en Cataluña. Cuando las calles debieran estar inundadas de pasquines informando del desmán, cuando la voz, más alta que nunca, debiera estar resonando contra el Proyecto de Ley de Educación catalana, estamos desmovilizados, con la mirada desviada.

No perdamos la perspectiva histórica, se atacaron los Decretos de inmersión lingüística porque carecían de amparo normativo y para ello se preparó la Ley de Política Lingüística del año 1998, que también contestamos. Esta también les pareció poco a los gobernantes catalanistas y la regulación del Estatuto en materia lingüística infló las sanciones y rigores para los castellanohablantes cual pez globo. También luchamos contra ello. Cuando los Tribunales y el Gobierno español han tratado, moderadamente, de corregir los excesos se ha dado el salto hacía adelante y se ha apretado la tuerca de la coacción. Eso también lo hemos denunciado.
La ley de educación de Cataluña es la norma que eleva a ley la inmersión lingüística y reduce a la nada el derecho a la educación en la lengua materna en castellano, lo jibariza en un miserable curso en el momento de incorporarse al centro a petición de los padres. La solución apuntada, la atención individualizada, hace visible lo que ha sido, hasta ahora, una practica administrativa. Al menos, ahora ya no se disimula y basta leer el artículo 11 del dictamen de la Comisión para calibrar la trascendencia de lo que se pretende aprobar:

1.- El catalán, como lengua propia de Cataluña, es la lengua normalmente empleada como lengua vehicular y de aprendizaje del sistema educativo.
2.- Las actividades educativas, tanto las orales como las escritas, el material didáctico y los libros de texto, y también la las actividades de evaluación de las áreas, las materias y los módulos del currículum, han de ser normalmente en catalán, excepto en el caso de las materias de lengua y literatura castellanas y lengua extranjera y sin perjuicio de lo que establecen los artículos 12 y 14.
3.- Los alumnos no pueden ser separados en centros ni en grupos clase diferentes por razón de su lengua habitual.
4.- En el curso escolar en que los alumnos inicien la primera enseñanza, las madres, los padres, o los tutores de los alumnos , la lengua habitual de los cuales sea el castellano, pueden instar en el momento de la matrícula y de acuerdo con los procedimientos que establezca el Departamento, que sus hijos reciban atención individualizada en esta lengua.

Toda esta tortura para decir que la enseñanza en castellano queda reducida al curso de inicio en el centro y con el alumno segregado en la propia clase.

Un primer paso, imprescindible, es denunciar la Ley de Educación de Cataluña y, por ello, propongo convocar una manifestación unitaria, de todos los partidos políticos no nacionalistas y asociaciones cívicas en contra de la Ley de Educación de Cataluña y exigir su paralización hasta que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre los recursos interpuestos contra al Estatuto de Autonomía de Cataluña.

También es hora de solicitar, una vez rechazadas las proposiciones de ley de UPyD y del PP a favor del bilingüismo en el Congreso de los Diputados, la concienzuda preparación de una iniciativa legislativa popular por toda España para lograr que el Gobierno español y el resto de formaciones políticas asuman la necesidad de garantizar, para evitar el fracaso escolar, el derecho a la enseñanza en castellano en todo el territorio nacional. Convivencia Cívica nos demostró que con pocos medios, la recogida de firmas es posible. Es más, la movilización de los partidarios de la libertad lingüística ha sido determinante en los procesos electorales de Galicia y del País Vasco y no me cabe ninguna duda de que lo será próximamente en Baleares. También ha de serlo en Cataluña.

El cambio se ha producido en el País Vasco y parecía imposible, también lo creo factible en Cataluña. Ahora bien, no será viable, sin la unidad y para ello trabajaré.

No podemos defraudar a todos aquellos que confiaron en nosotros, a las noventa mil personas que votaron una opción que representaba el cambio, a los cientos de miles que tan sólo esperan la llamada de un mensaje de ilusión y de esperanza para darnos su confianza. Es hora de que todos rectifiquemos y de que los que más se han equivocado reflexionen sobre sus errores y asuman sus responsabilidades, no cerrando el paso al acuerdo.

Es hora de sumar, pero es también hora de sacrificios. El movimiento cívico surgido con el esfuerzo de muchos como respuesta a la imposición y a los abusos del nacionalismo no puede diluirse por la incompetencia de unos pocos que hagan caer en el desánimo a los que defendemos su relanzamiento.

Quiero, para terminar, agradecer la colaboración de todos aquellos que han estado conmigo, con especial mención a aquellos que trabajaron por el congreso extraordinario, que elaboraron el manifiesto abierto de “Ciudadanos existe” y a mi agrupación de Sant Cugat. También agradezco las críticas que en tantas ocasiones me han ayudado a rectificar.

Para todos vosotros, sigo estando donde siempre, en el grupo mixto, ahora como antes, como diputado no-nacionalista.

6 comentarios:

Esperanzado dijo...

Seguramente, la conferencia más interesante y esperanzadora para la lucha contra el nacionalismo excluyente, desde la presentación de los dos manifiestos. Puede ser el principio de la recuperación del rumbo perdido por Albert Rivera y sus secuaces, además de una lección para este último, que deslumbrado por sus "éxitos", se ha inclinado por el camino del "todo vale".

silvia dijo...

Me sumé a Ciudadanos desde el inicio por considerar necesario ampliar los horizontes de una sociedad ensimismada y como un acto de rebeldía cívica ante decisiones inadmisibles e impropias del siglo 21. Adscripción al partido fue a partes iguales entusiasmo y convencimiento, el abandono de C's de ahora es a partes iguales decepción y convencimiento. Pero seguir trabajando a nivel individual es y será de vital prioridad. Saludos, Silvia

Xurde dijo...

Compañero,hemos compartido varias batallas desde el Primer Manifiesto en que nos conocimos.Aunque ahora estoy en horas bajas,más preocupado quizá,por mi propia supervivencia laboral,sabes que volverán a cruzarse nuestros caminos.Con tu empuje y la rabia que sale de mis tripas,de nuevo despertaremos y arrastraremos a otros en la lucha para frenar los desmanes nazionalistas.
Te lo puedo decir y lo sabes,aparte de compañero,aquí tienes un amigo con toda mi admiración y respeto

Un saludo.Xurde Rocamundi.

http://ciutadansarenys.blogspot.com/2009/05/antonio-robles-carta-zapatero.html

http://ciutadansarenys.blogspot.com/2009/04/el-final-de-un-sueno.html

Ciudadana dijo...

Nos llena de ilusión y entusiasmo tu paso al frente, tu golpe en la mesa, a muchos afiliados que creemos en los cimientos que crearon Ciutadans destrozado ahora por cuatro inconscientes sin principios ni honradez.

Malo es que los partidos políticos abusen de la inocencia y buena fe de los ciudadanos, pero más grave es que un partido nacido por y para los ciudadanos se lo agencien aquellos que por poder harían cualquier cosa.

Gracias por tu valentía y tu honradez. Muchos serán los que te ataquen por no venderte al sistema, pero muchos más somos los que te agradecemos que pelees por cambiarlo.

Miss Wellington dijo...

Que decirte Domingo...me gustas más!!
No me esperaba esto que he leído esta tarde. Tus explicaciones me han emocionado. Tus palabras tan sinceras me han hecho recordar cuanto he disfrutado con tus intervenciones als senyors diputats. Pero ahora no me puedo reir, me duele mucho todo esto, es un daño moral que no nos merecemos, yo tampoco quiero tirar la toalla.
Un sincero abrazo amigo!
Estoy contigo nos vemos pronto.

López dijo...

Ha hecho lo que debía, dejar a Rivera y no darle el escaño a él. Ahora el "no nacionalismo" estará representado con toda seguridad. Espero que le vaya muy bien.

Ánimo!!